San Martín Texmelucan, el infierno que causaron huachicoleros

San Martín Texmelucan, el infierno que causaron huachicoleros

El robo de combustible le genera al gobierno federal pérdidas de más de mil millones de dólares anuales
Redacción | UN1ÓN Puebla | 12/05/2017 06:00

El domingo 19 de diciembre de 2010, ocurrieron una serie de explosiones en dos ductos de la estación de bombeo número 7 de Pemex, en el municipio de San Martín Texmelucan, dejando un saldo de 30 muertos, 52 heridos, 32 casas totalmente destruidas y 83 más con daños parciales, así como una veintena de vehículos calcinados en un radio de tres kilómetros.

Juan José Suárez Coppel, entonces director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), aseguró que la causa de la explosión del ducto fue por una toma clandestina. Aquello representaba el inicio del próspero negocio del robo de combustible en Puebla y en el país de manera masiva.

Hoy día, el robo de combustible o también llamado huachicol le genera al gobierno federal pérdidas de más de mil millones de dólares anuales, al tiempo que pone en peligro los esfuerzos de México por atraer inversión extranjera hacia su industria energética, tras la aprobación de la reforma en el sector.

Aquel terrible accidente que dejó una amplia zona de devastación, fue el resultado de cinco explosiones, la primera y más potente ocurrió a las 05:50 horas, consecuencia del derrame de petróleo crudo con gas asociado sobre un kilómetro del Río Atoyac, resultado de la fuga en una toma clandestina de combustible.

Algunas versiones de vecinos señalaron que al menos un par de sujetos efectuaron por la madrugada la “ordeña” en un ducto de Pemex, en la planta de bombeo —a donde llega crudo procedente de pozos de Veracruz—, lo cual generó la fuga y una chispa causó la explosión. Las llamas se expandieron por el río a lo largo de cuyo cauce había viviendas.

Tras esta tragedia, Felipe Calderón Hinojosa, Presidente en turno, realizó intentos para acabar con las mafias de los ahora llamados huachicoleros, sin embargo, continuaron creciendo y ganando margen de acción.

En su momento, estas mafias no fueron atacadas y Pemex  las vio como pérdidas marginales, señala un artículo de Kirk Semple, publicado por The New York Times, lo cual derivó en que actualmente este delito se ha convertido a uno de  alto impacto.

Y a pesar del tamaño de la tragedia en San Martín Texmelucan, en la zona del llamado Triángulo Rojo, conformado por los municipios de Palmar de Bravo, Tepeaca, Acatzingo, Acajete, Tecamachalco y Quecholac, el negocio se ha vuelto tan próspero que ha ido sumando a población civil, que hace labores de vigilancia (‘halcones’), al tiempo que esta los defiende, pues han llevado bonanza a sus comunidades.

La prosperidad del robo de combustible cabe mencionar, no se ha dado por sí misma, pues es resultado de corrupción en diferentes áreas estatales y federales. En Puebla por ejemplo, la Procuraduría General de Justicia de Puebla (ahora Fiscalía General del Estado) ejerció en 2015, acción penal en contra del director general de la Policía Estatal Preventiva de Puebla, Marco Antonio Estrada López, y del jefe del Grupo de Operaciones Especiales (GOES), Tomás Méndez Lozano, por su presunta participación en el delito de robo de combustible.

Después de las detenciones de estos funcionarios estatales, el entonces secretario de Seguridad Pública estatal, durante la administración de Rafael Moreno Valle, Facundo Rosas, debió presentar su renuncia al cargo, pues Estrada López lo señaló como parte de una red dedicada a este ilícito.

Denuncias anónimas procedentes de las propias filas policiacas señalaron en su momento, entre otras cosas, que Estrada López entregaba semanalmente a su jefe Rosas Rosas una maleta con dinero procedente de las mafias de robo de hidrocarburos; y que todas las patrullas del GOES e incluso los vehículos de diversos funcionarios del gobierno local eran abastecidos regularmente con combustible robado, aseguraba La Jornada de Oriente en 2016.

Pese a los señalamientos, Facundo Rosas, quien también fue uno de los hombres más cercanos al exsecretario de seguridad federal, Genaro García Luna, con quien trabajó en la AFI y en la desaparecida Secretaría de Seguridad Pública, no fue objeto de investigación, pero desapareció de la escena pública.

Aún y cuando el accidente en Texmelucan sucedió hace casi 7 años, el riesgo de que se repita es latente en el estado de Puebla, pues el robo de combustible se ha multiplicado de manera alarmante y las tomas clandestinas ‘desangran’ los 9 mil kilómetros de tuberías de Pemex, que recorren el subsuelo del país.