La leyenda dice que los niños de la ‘Fuente de los Muñecos’ viven

La leyenda dice que los niños de la ‘Fuente de los Muñecos’ viven

Por la noche, según cuenta la gente, las figuras cobran vida para jugar y corren por las calles
Israel Olguín | UN1ÓN Puebla | 27/10/2017 06:00

Ubicada en el Barrio de Xonaca, la Fuente de los Muñecos, pues se trata de un par de menores, un niño y una niña, que habrían desaparecido en ese lugar.

 

De acuerdo con la leyenda que se ha pasado de boca en boca, años atrás cerca de ese lugar, existía una quinta que le pertenecía a Maximino Ávila Camacho, entonces gobernador de Puebla (1931-1941), hermano de Manuel Ávila Camacho, presidente de México.

 

En aquella localidad que entonces se conocía como el “Barrio de los Catrines”, vivía un caballerango que tenía dos hijos, un niño y una niña, de seis y siete años de edad, quienes un día de lluvia torrencial que cayó sobre el pueblo, provocó que los niños desaparecieran mientras se dirigían a la escuela.

 

Pasadas las horas y al ver que no regresaban sus hijos, aquel caballerango salió a buscarlos por las calles de Xonaca pero pese a la ayuda de los vecinos, nunca encontró a los menores.

 

Con dolor y resignación, el caballerango y los habitantes de Xonaca dedujeron que los niños, cayeron en un pozo de agua ubicado en las inmediaciones de la casa del general Maximino, quien al conocer la tragedia, ordenó la construcción de una fuente con un pedestal de azulejo de talavera en honor a los hermanos desaparecidos.

 

Desde entonces, frente a la iglesia de La Candelaria, entre la calle 22 Oriente y 18 Norte, permanece la figura de una pequeña niña con trenzas, de rostro pálido, que luce un vestido amarillo con olanes rojos mientras carga un libro bajo el brazo derecho. A su lado, la acompaña su hermano, un pequeño que porta un overol azul y una camisa verde.

 

Ahí, permanecen ambos pétreos, inmóviles, soportando estoicos chorros de agua que los empapan durante el día, ya que por la noche, según cuenta la gente, las figuras cobran vida para jugar y corren por las calles, mientras el eco de sus risas se escucha por todo el barrio hasta al amanecer, cuando de nuevo regresan al pedestal de talavera para petrificarse.