El mundo antes de la Primera Guerra Mundial. Aprende en Casa III

El mundo antes de la Primera Guerra Mundial. Aprende en Casa III

Durante la primera mitad del siglo XIX, Italia no existía como una nación, sino que estaba compuesta por diversos reinos que, en diversas ocasiones, estaban en conflicto entre sí.
El mundo antes de la Primera Guerra Mundial
El mundo antes de la Primera Guerra Mundial
Redacción | UN1ÓN | 24/03/2021 09:55

En Historia de primero de secundaria, se tratará el tema: “El mundo antes de la Primera Guerra Mundial”, con el que se reconocen los principales procesos y acontecimientos mundiales ocurridos entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se profundizó un pensamiento que llevó a la consolidación de diversos Estados: el nacionalismo. Poco a poco, esto, combinado con el imperialismo, llevaría a una competencia entre naciones, desencadenando el estallido de la Primera Guerra Mundial

A partir de ese contexto, el propósito de la sesión del día de hoy será: explicar los procesos y acontecimientos históricos: Estados nacionales, unificación y disolución, y Primera Guerra Mundial. 

Recuerda que, para realizar anotaciones, sólo necesitas lápiz o bolígrafo, cuaderno, y tu libro de texto para profundizar y ampliar tus conocimientos acerca del tema. 

¿Qué hacemos? 

Para adentrarte en el tema, es necesario recuperar el significado del concepto de nacionalismo. El historiador Eric Hobsbawm en el libro La era del imperio, 1875-1914 dice al respecto: 

“La base del «nacionalismo» de todo tipo era la misma: la voluntad de la gente de identificarse emocionalmente con «su» nación y de movilizarse políticamente como checos, alemanes, italianos o cualquier otra cosa, voluntad que podía ser explotada políticamente. La democratización de la política, y en especial las elecciones, ofrecieron amplias oportunidades para movilizarlos. Cuando los estados actuaban así hablaban de «patriotismo» y la esencia del nacionalismo original «de derechas» que apareció en los estados-nación ya existentes, era reclamar el monopolio del patriotismo para la extrema derecha política y, en consecuencia, calificar a todos los demás grupos de traidores. 

Ese fenómeno era nuevo, ya que, durante la mayor parte del siglo XIX, el nacionalismo se había identificado con los movimientos liberales y radicales y con la tradición de la Revolución francesa. Pero, por lo demás, el nacionalismo no se identificaba necesariamente con ninguna formación del espectro político. Entre los movimientos nacionales que no tenían todavía su propio estado había unos que se identificaban con la derecha o con la izquierda, mientras que otros eran indiferentes a ambas. 

Por otra parte, como ya hemos indicado, había movimientos, y no eran de los menos importantes, que movilizaban a hombres y mujeres sobre una base nacional, pero, por así decirlo, de forma accidental porque su primera preocupación era la liberación social. Si es cierto que en este período la identificación nacional era, o llegó a ser, un factor importante en la política de los Estados es totalmente erróneo considerar que la causa nacional era incompatible con cualquier otra. Naturalmente, los políticos nacionalistas y sus adversarios afirmaban que la causa nacional excluía a todas las demás, de la misma forma que cuando uno lleva un sombrero excluye la posibilidad de llevar otro al mismo tiempo”. 

Como te pudiste dar cuenta, el nacionalismo era un sentimiento extendido que no era interrumpido por intereses políticos particulares. ¿Cómo era posible que incluso entre políticos de diferente pensamiento, conservador o liberal, el nacionalismo fuera una idea compartida? 

En buena medida, esto se debió a la difusión de los valores del romanticismo. 

Éste, se trató de un movimiento intelectual y artístico surgido en Europa desde el siglo XVIII que buscaba hacer frente a ciertas ideas de la ilustración; como por ejemplo la creencia de que sólo la razón guiaba a los hombres, y no los sentimientos o las pasiones. O bien, que existía una razón universal que guiaba a los hombres, y no una voluntad nacional restringida a ciertas poblaciones que compartían tradiciones e historia. 

En pocas palabras, el romanticismo puso sobre la mesa la idea de que, a través de las pasiones y los sentimientos que un pueblo tenía en común, podía regirse y ser libre. 

Esta idea llevaba consigo la exaltación de un pueblo, o una nación, que era entendida como una entidad autónoma que adquiría su sentido de existir en su propia historia. De esta manera, la idea del nacionalismo exaltaba profundamente ciertos valores que se consideran propios de una nación: la lengua, la historia, el arte, la grandeza y, por supuesto, la superioridad de su nación sobre otras. 

Por ejemplo, como recordarás, la expansión del imperio napoleónico a principios del siglo XIX buscaba, entre otras cosas, extender las ideas de la Revolución Francesa por toda Europa. Por el contrario, esto fomentó una reacción en otras naciones donde los sentimientos antifranceses se convirtieron en posturas nacionalistas que defendían “lo nacional” en contra de “lo extranjero”, de lo francés. 

Poco a poco estas ideas se extendieron por Europa, conoce cómo a través del siguiente video. 

Observa del minuto 00:25 al 04:00. 

  1. Nacionalismo y Romanticismo

 

¿Qué opinas? ¿Consideras que existen elementos culturales e históricos que son completamente exclusivos de una nación? 

Como se mencionó en el video, las ideas del romanticismo y el nacionalismo no se restringieron a un solo lugar. Al difundirse, motivaron movimientos revolucionarios y de unificación nacional. Entre estos últimos encontramos los procesos de la unificación italiana y alemana. 

Durante la primera mitad del siglo XIX, Italia no existía como una nación, sino que estaba compuesta por diversos reinos que, en diversas ocasiones, estaban en conflicto entre sí. Además, el imperio francés y el austrohúngaro mantenían una fuerte influencia, e incluso control, sobre algunos territorios del norte de la península itálica. 

Esta situación, en el contexto de la expansión del romanticismo y el nacionalismo, llevaron al surgimiento de grupos que buscaban la expulsión de los extranjeros de los territorios italianos, así como la unificación de la nación. 

La antigua gloria del Imperio romano servía en muchos casos como una guía de aquel pasado al que se veía con nostalgia y al que había que imitar. 

De esta manera, surgió el Risorgimento, un movimiento de corte romántico que pugnaba por la unificación de Italia. A éste, le siguieron numerosos movimientos armados que buscaron consolidar el proyecto. 

En 1859, se abrió una nueva oportunidad cuando el rey de Piamonte, Víctor Manuel II, apoyó al emperador francés Napoleón III en su guerra contra el imperio austrohúngaro con el objetivo de reconquistar territorios ocupados por este último. 

Aunque no todos los territorios le fueron devueltos, esto sirvió para que, en 1860, diversos levantamientos populares permitieran a varios territorios unirse a Piamonte. 

Tras esto, el gobierno de Víctor Manuel II, con apoyo de caudillos como Giuseppe Garibaldi llevaron a cabo la anexión del sur de la península en una sola nación. 

Mientras que algunos eran partidarios de formar una república liberal, finalmente se impuso la monarquía liberal como forma de gobierno. 

Después de esto, el imperio austrohúngaro sufrió una derrota más contra Prusia, aliada de Italia, recuperando así la región del Véneto. Tras la guerra franco-prusiana de 1870, Napoleón III, quien mantenía ocupados los estados pontificios, tuvo que abandonarlos, dejándolos a merced del proceso de Unificación Italiana. De esta manera, en 1870, Víctor Manuel II logró la consolidación de Italia como una nación independiente. 

El otro proceso de unificación corresponde a Alemania. En los mismos años, Prusia era un reino alemán que había comenzado una rápida industrialización. En ese territorio, como en otros de origen germano, se extendió la idea de formar una gran Alemania, a la altura de los imperios de la época. 

En 1862, fue nombrado primer ministro de Prusia Otto von Bismarck, quien dirigió sus esfuerzos en acrecentar la hegemonía de Prusia, llevando a su nación a diversas guerras que le permitirían incrementar el sentimiento nacionalista. 

La primera de estas guerras ocurrió en 1864, cuando Prusia se anexó gran parte de Dinamarca; la segunda fue en 1866, cuando fue derrotado el imperio austrohúngaro, cediendo más territorios a Prusia. 

La última de estas guerras de unificación fue contra el Imperio Francés en 1870, llevando así a la proclamación del II Reich o Imperio alemán, y a la disolución de la monarquía en Francia. 

En el contexto del imperialismo y el nacionalismo, la consolidación de estas dos naciones significó una mayor disputa entre las potencias europeas, así como el debilitamiento de otros imperios como el austrohúngaro, o el turco-otomano, en cuyos territorios también surgieron diversos movimientos nacionalistas. 

Recapitula este tema a través del siguiente video. 

Observa del minuto 03:32 al 04:42. 

  1. El nacionalismo imperialista

 

Esta competencia entre las naciones que, si bien se desarrolló de manera un tanto pacífica durante las últimas tres décadas del siglo XIX, no pudo sostenerse de esa manera, hasta que estalló una guerra cuyas consecuencias no se esperaban. 

Bajo unas condiciones de supuesta paz, las naciones europeas compitieron por ver quiénes desarrollaban las armas más sofisticadas para enfrentarse entre sí. 

La sociedad europea vivía una etapa de paz y prosperidad que se traducía en un firme nacionalismo debido a la estabilidad del continente. 

Al comenzar el siglo XX, la rivalidad entre las potencias había aumentado por afianzar el control de sus colonias. En África, Alemania, la nueva potencia industrializada, en su intención de adquirir más colonias, apoyó a Marruecos en su lucha de independencia contra Francia, por lo que casi entran en guerra en 1905 y 1911. 

En la otra zona, el debilitamiento del imperio otomano en la península de los Balcanes y el resurgimiento de los nacionalismos en esa convulsa área creó un polvorín.  Serbia formaba parte del Imperio otomano y, para 1882, obtuvo su autonomía y se convirtió en un Estado independiente, compuesto por individuos de origen eslavo. Así, surgió el paneslavismo, un movimiento de ideología nacionalista que durante el siglo XIX tenía como finalidad la unidad política y cultural de todos los pueblos eslavos. 

Rusia, que también tenía interés en la salida al mar, apoyó a los eslavos, lo que fue visto con recelo por el Reino Unido. Sin embargo, el expansionismo económico y de comunicaciones de Alemania produjo un acercamiento entre Rusia y Reino Unido. En contraparte, Alemania y Austria-Hungría querían evitar la unión serbia y la presencia de Rusia en la península. 

En este ambiente de tensión, las naciones hicieron alianzas. Desde 1882, Alemania, Austria-Hungría e Italia formaron la Triple Alianza; los tres se comprometían a que si uno de los países entraba en guerra responderían conjuntamente. Con el fin de contrarrestarlos, Francia y Reino Unido se aliaron en 1904, y en 1907, se integró Rusia, quedando conformada la Triple Entente (estos países fueron después conocidos como los países aliados). 

Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando en junio de 1914, a manos de un nacionalista serbio, Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia, ejecutando las promesas de alianzas y acción de defensa acordadas entre las diversas potencias. De esta manera comenzó la Gran Guerra. 

De diferentes maneras, poco a poco se vieron inmersas las naciones europeas en la guerra. Por ejemplo, Alemania le había exigido a Bélgica, que tenía un estatuto de neutralidad, que le permitiera el paso de sus tropas; al negarse, invadieron Bélgica el 4 de agosto. Entonces, Reino Unido le declaró la guerra a Alemania. A fines de ese mes, Japón entró a la guerra del lado de Reino Unido y Francia. Italia se cambió al bando de los aliados en mayo de 1915. 

En noviembre de 1914, el imperio turco-otomano entró a la guerra del lado de Alemania. Bulgaria lo hizo también en octubre de 1915. Por su parte, Grecia y Rumania se unieron a la Triple Entente en 1916. 

Estados Unidos de América ingresó al conflicto en 1917, después de conocerse el telegrama Zimmerman, enviado por Alemania a nuestro país, donde se le proponía al gobierno mexicano una alianza militar contra el vecino del norte para recuperar los territorios perdidos en el siglo XIX. 

Después de los avances iniciales de Alemania en Francia y en Polonia, la guerra se estancó con grandes líneas de trincheras en 1916, en una guerra de desgaste que no podía ser resuelta. 

Este periodo de la guerra de trincheras fue un modo específico de combatir, surgido de manera simultánea al uso de las armas de fuego en los enfrentamientos. En esta estrategia bélica, los ejércitos excavaban túneles abiertos (o trincheras) donde los soldados se protegían mientras conservaban su posición. 

Con el ingreso de Estados Unidos de América al conflicto, en septiembre de 1917, los aliados lanzaron contra Alemania la mayor ofensiva de la guerra. Alemania y Austria-Hungría no pudieron resistir el avance, debido a que sus industrias, volcadas a la guerra, estaban ahora estancadas y escaseaban insumos básicos para la población y las tropas. 

Sin haber sido derrotados en combate, los alemanes se rindieron los primeros días de noviembre de 1918. 

A nivel internacional, la guerra no terminó con los conflictos y tensiones previos, sino que incluso los acentuó. 

Observa el siguiente video del minuto 02:03 al 05:15. 

  1. ¿Qué fue el Tratado de Versalles?

 

En los años próximos, las imposiciones del Tratado de Versalles a Alemania detonarían un flamante nacionalismo y rencor que sería aprovechado por otros grupos políticos. 

La Primera Guerra Mundial, con sus más de 8 millones de muertos, suponía que evitaría el estallido de más guerras. Sin embargo, como lo retomarán más adelante, esto no fue así.

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