Don Felipe, el egresado que llena de orgullo a la BUAP

Don Felipe, el egresado que llena de orgullo a la BUAP

Don Felipe Espinosa Tacuapetla egresó de la Ingeniería en Procesos y Gestión Industrial de la BUAP, a los 84 años de edad
Don Felipe Espinosa Tacuapetla, egresado de la BUAP
Don Felipe Espinosa Tacuapetla, egresado de la BUAP
Redacción | UN1ÓN | 19/05/2021 05:00

Llegó a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en 2016 para inscribirse a la Ingeniería en Procesos y Gestión Industrial, una carrera nueva en aquel momento pero que para don Felipe Espinosa Tacuapetla representaba un nuevo reto a sus 79 años.

Hoy a sus 84 años, está por graduarse y deseando continuar con otros estudios, porque, dice, el estudio fortalece, es superación.

“Hoy ya estamos acá y no me queda más que dar gracias a todos, principalmente al Rector”, señalaba mientras contenía las lágrimas de la emoción, aunque terminaron por salir.

Con 1.59 metros de estatura y un andar lento, Don Felipe va apoyado en su bastón y cargando un costal con sus pertenencias, pues en los últimos cuatro años de estudio, no ha dejado el trabajo y todavía, a ratos, vende cebollas, chile, limón y tomates en la Central de Abasto y mercados de Tepeaca y Cholula.

Estudiar durante cuatro años con alumnos 60 años más jóvenes que él no fue nunca un impedimento: “Para chango viejo, maromas nuevas” –dice, al fin con una sonrisa.

-¿Qué lo motivó hace cuatro años a estudiar una licenciatura?

-Las cosas están cambiando y nada más se vive una vez

-¿Cuál fue su motor?

-La superación

-Siempre tuvo la claridad que terminaría esta carrera?

-Sí, sí, sí

-¿La tecnología fue un obstáculo para estudiar, realizar y entregar trabajos…

-Nooo. Le tiene usted que echar ganas, como dicen. Si es uno chango viejo hay que hacer maromas nuevas y allí se iguala usted con los jóvenes. La superación del humano está en la mente, es una cosa muy grande la mente.

El aspirante de mayor edad en la BUAP

En abril de 2016, como cualquier otro, don Felipe Espinosa, entonces de 79 años, fue el aspirante de mayor edad en el Proceso de Admisión.

Oriundo de la ciudad de Puebla, de joven trabajó la tierra, fue obrero y sus inquietudes por observar de cerca la vida del Ejército lo llevaron a ingresar a este en 1962. Es padre de cinco hijos, uno de ellos ingeniero.

 -¿Cómo fue convivir con los jóvenes?

-Es bien lindo, porque son diferentes: diferentes memorias, diferentes pensamientos…

-¿Le costó trabajo?

-No, no, es como si fuera usted, es una cosa inolvidable…

-¿Qué aprendió usted de los jóvenes; ellos que aprendieron de usted?

-Con la convivencia…su corazón…

Su voz se quiebra…la emoción lo embarga.

El universitario de mayor edad quizá en la historia de la Máxima Casa de Estudios en Puebla es un hombre solitario, pero autosuficiente: “Veo bien, oigo bien, razono bien. Este es mi gran capital y lo que me nutre es el trabajo y la ilusión”.

Un día de clases le implicó durante cuatro años despertar a las 4:30 de la mañana, tomar dos autobuses y hacer un recorrido de una hora y media a dos horas, de ida, y otro tanto de vuelta. “Queda uno como invitado a no faltar”, además, “la vida es diaria, no hoy sí, mañana no”, expresa.

Si bien desde la muerte de su esposa, vive solo –“así me he llevado la vida: solo”-, el estudio ha sido superación, pero también un escudo que porta con orgullo: “Ya no estoy más solo, por todas partes me saludan. Ser egresado de la BUAP es un gran orgullo, hay que portarse a la altura: con respeto, siempre derecho”. 

-Usted ha roto paradigmas, con su ejemplo, siempre se puede estudiar…

-Claro, sí se puede. Qué me detiene, oigo bien, veo bien, razono bien, no tengo la mente hueca. El estudio es grandioso: se estudia para la superación, para una vida mejor. 

Perseverancia y responsabilidad son dos rasgos con los cuales sus maestros lo califican y recuerdan. Si bien no fue un estudiante de 10, durante nueve semestres cumplió con sus tareas, no obstante haber superado los 80 años.

Para don Felipe Espinosa Tecuapetla los años de estudio en la BUAP han sido “inolvidables”, por eso, repite: “Nada me va a detener, haré mi solicitud para seguir estudiando”. Hace una pausa, corrige: “Sólo la muerte”.

Sin duda Don Felipe desde que se inscribió se convirtió en un ejemplo de perseverancia que hoy tuvo su recompensa y que se convirtió en una enseñanza para todos.

 
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